por
Marcelo Malvestitti

Por el coronavirus, el mundo ya no será el mismo cuando termine la cuarentena y la gente pueda salir del encierro de sus viviendas y retome las actividades laborales. Cambiarán las costumbres sociales, las reuniones entre familiares y amigos, los momentos de esparcimiento y diversión. Por más que vuelva la vida en libertad, es decir hacer lo que cada uno crea conveniente y no tener restricciones de circular por donde más agrade, seguirá el distanciamiento entre los individuos, lavarse las manos con jabón, dejar el calzado y la vestimenta al aire libre antes de ingresar a las respectivas viviendas. Porque, de algo tenemos que estar convencidos: el coronavirus no se irá. Para entonces, quizás ya se haya desarrollado la vacuna contra la pandemia, pero las prevenciones o los cuidados para no contagiarse seguirán.
No solamente la vida social sufrirá un cambio de hábito, también habrá modificaciones en el mundo del trabajo. El escenario será complejo, obligará a tener otra mirada sobre las relaciones laborales por la aguda crisis desatada por el Covid-19. Habrá que estar atentos a qué acuerdos se darán entre los gremios, las empresas y los empleados para que las consecuencias no sean pagadas por la clase trabajadora, aunque la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió que 195 millones de empleos de tiempo completo podrían perderse sólo en el segundo cuatrimestre del año por el coronavirus. Además, varias compañías bajarán sus persianas definitivamente por falta de producción y ventas.
Más allá de las dificultades que genera y seguirá generando la pandemia, es indispensable que hombres y mujeres piensen en cómo salir de la crisis. Cada uno, desde su lugar de acción, deberá crear posibilidades para hacerle frente a los problemas. Claro que no es sencillo, pero lo importante es creer en uno mismo, en sus competencias para salir airoso de la situación. Además, pensar que esto que nos preocupa puede servir para fortalecer las relaciones interpersonales, pensar más en el otro como único otro y no como un adversario o enemigo, entender que pensamos diferente. Tal vez sea muy importante también gestionar las emociones, las cuales son precedidas por acontecimientos determinados. Ahora bien, ¿cómo gestionar las emociones?, bueno, a través de la firme decisión de fijarnos objetivos y metas, ser optimistas, demostrar inteligencia emocional; lo cual significa ponernos en el lugar de la otra persona. Muchas veces, las resoluciones de los problemas dependen de nuestra capacidad de acción, reacción y pensamiento.
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